11 nov 2008

Mensaje de aliento a los compañeros de la LJS

Marco Vera

Me dirijo a los jóvenes entusiastas que integran la Liga Juvenil Socialdemócrata –a los que están y a los que estarán- para hacer un llamado al combate. Hermanos, camaradas, la oportunidad que se postra en nuestras manos es única. Somos el primer punto de vanguardia en el Partido. Con nuestro esfuerzo y camaradería hemos marcado la tonada que pronto todos tendrán que bailar.

Camaradas no importan intereses personales o de grupo cuando se construye en las faldas de la patria un futuro mejor para nosotros y nuestros hijos. Esta lucha que se acerca es crucial para México, ahora más que nunca debemos redoblar esfuerzos para impedir que la oscurada se postre sobre la patria al regresar el PRI/sindicato del crimen al gobierno. Nosotros podemos evitar que pase.

En las elecciones federales de 2009 no se juega solo nuestra subsistencia como fuerza política, no se trata solo de mantener un trabajo de relativa comodidad. Lo que está en juego es con mucho superior; está en juego el futuro de nuestro pueblo. Si logramos sobrevivir y desarrollarnos, todos podremos mirar con sinceridad a nuestros seres queridos y anunciarles que en las entrañas de la bestia el antídoto se esta gestando. Podremos decir que algún día seremos gobierno y terminara la desesperanza de los más desposeídos. Si seguimos existiendo podremos decir que se acerca el día en que no habrá niños sin escuela, hombres sin trabajo, viejos sin amor y mexicanos sin sonrisas.

Camaradas la transformación social no se hace por que es un deber, tampoco se hace por el simple hecho de la toma del poder. Se hace por amor. Amor a la gente, se hace por que es lo humanamente correcto, por lo menos para quienes nos indignamos al ver ancianos mendigando o niños victimas de la drogadicción en las calles.

Es momento de detener la descomposición de nuestra sociedad. Es momento de la distribución con justicia social de la riqueza, es momento de la regulación de los mercados y de que el pueblo recupere su dignidad arrebatada con baños de sangre y diversos tipos de fraude.

Me dirijo a ustedes con estas palabras porque estamos iniciando una serie de visitas a los estados del país y es necesario salir de nuestra cede nacional con pleno convencimiento de nuestra misión; nosotros debemos despertar la conciencia de nuestros compañeros, debemos tocar sus corazones y multiplicar el ejercito de las juventudes socialdemócratas.

Será criminal realizar con descuido nuestras visitas, será un atentado contra nuestro pueblo hacer mal uso de los recursos que se pondrán en nuestras manos. Recordemos que no es un viaje de placer el que vamos a realizar, es un viaje de construcción y debemos regresar con resultados concretos.

Sé que si continuamos construyendo la Liga Juvenil como una suma de voluntades –no de ambiciones- no habrá quien ponga freno a nuestra victoria. Seguiremos siendo partido y pronto seremos gobierno.

Adelante camaradas, vayan armados de futuro a los estados y multipliquen por miles la estructura juvenil de nuestro partido. Vamos todos a crear una perfecta maquinaria que destruya desde los cimientos este tinglado capitalista que nos oprime.

6 nov 2008

Confusión y lluvia de buenas intenciones

Marco Vera
Hace un par de semanas se publico un documento en el blog de la Liga Juvenil Socialdemócrata donde se aborda el tema de la definición ideológica. Este artículo fue escrito por mi amigo Eric Uribares. Antes de abordar la crítica al documento referido, quisiera expresar que me sorprende gratamente el ímpetu que muestran los compañeros de la Liga Juvenil. Creo que hay muchas buenas intenciones, hay la determinación de transformar México en un país pacifico pero también con justicia social. Recordemos siempre que al no haber justicia social, la violencia y la descomposición social siempre encuentran el camino.

Al igual que en su libro “Del rojo al rosa” Eric Uribares –a quien me complace llamar amigo y compañero- circunscribe a la izquierda mexicana solo a los referentes partidarios y olvida que existen infinidad de referentes de lucha política nacional que no se encuentran vinculados al PRD o a partido político alguno. Estos referentes de lucha no han abandonado la idea de la transformación social radical y profunda, no se incorporaron a la vía electoral de lucha ni se conformaron con administrar la miseria que causa el moderno imperialismo.

Respecto a las nuevas formas de gobierno socialista, quisiera comentar que de cuando en cuando aparece una nueva supuesta lumbrera teórica al estilo Fukuyama con su propio “fin de la historia” y todos se anuncian como los continuadores de la teoría de izquierda. Sin embargo terminan siendo falsos profetas -unos más y otros menos ingeniosos- pero en la práctica social, no existe ni ha existido otra manera de implantar el socialismo que la tan vilipendiada y mal entendida dictadura del proletariado. Es cierto que al día de hoy existen varios ejemplos de democracia avanzada en países de Europa (los países nórdicos por ejemplo) pero son eso; países donde la democracia pudo desarrollarse por infinidad de factores. En Alemania por ejemplo, hay una distribución mucho mas justa de la riqueza que la que existe en México. En Alemania el nivel de vida es alto, igual que en Mónaco o en Austria, incluso en Polonia, pero de eso a ser países socialistas, dista un tramo. Yo diría que existe cierta confusión de términos y conceptos, por ejemplo, se le llama socialismo a la implantación de políticas de beneficio público, se le llama socialismo a la democracia cuando se aplica a cabalidad, se le llama socialismo a cierta regulación de mercados que se da en la Unión Europea pero todo eso no es socialismo.

El socialismo es un periodo de transición que los países utilizan para desmantelar paulatinamente un sistema político y social pero sobre todo económico. Socialismo es en esencia economía planificada (producción que se desarrolla en función de cubrir necesidades y no de producir ganancias). Socialismo es control estricto de los mercados para evitar crisis de sobre producción generadas por ambiciones malsanas. Socialismo es independencia económica de las naciones y un pleno derecho de autodeterminación de los pueblos del mundo. Menciono esto ultimo porque precisamente las potencias europeas que son democráticas en su vida como naciones y han logrado que sus poblaciones gocen de un buen nivel de vida, hacia el exterior son potencias imperialistas a cabalidad. No solo me refiero a las potencias que participaron y participan en las guerras iniciadas por el gobierno derechista de los Estados Unidos en Medio Oriente, no solo me refiero a los planes de reconstrucción y la exigencia de indemnizaciones de guerra que se han impuesto a los países derrotados por estas potencias supuestamente democráticas. Un ejemplo más claro aun es Suiza, donde no todo son vaquitas y hermosos paisajes, ni excelentes relojes y navajas. Suiza es la nación donde tuvo origen la transnacional NESTLE que depreda el medio ambiente del mundo entero prácticamente e invade los mercados de los productos lácteos con la misma voracidad de cualquier otra transnacional imperialista.

Hago estos comparativos porque aunque en esencia, el socialismo es un proceso de acumulación de fuerza para la producción y generación de industria, la ética es fundamental para ser socialista.

Se dice en el documento de Eric que a la izquierda le tiembla el pulso para llamarse socialista. Yo creo que el membrete de los referentes de lucha es lo que menos importa, en todo caso el Partido Revolucionario Institucional se autodefine socialdemócrata y participa en la Internacional Socialista desde hace ya algunos años. Eso no le impidió planear y ejecutar a los priistas ninguna de las muchísimas masacres que han llevado a cabo y siguen realizando.
Tampoco creo que actualmente exista mucha gente a la que le mueva las entrañas o el corazón el hecho de que una fuerza política se llame socialista. Recordemos que ha habido cambios de fondo en la constitución del tejido social en América Latina y el mundo.

Finalmente quisiera decir que no hace falta descubrir el socialismo democrático pues el compañero Eric puede estarse enfrascando en un proceso para descubrir algo que tiene décadas de existir. El socialismo siempre ha sido el mecanismo más democrático de gobierno que se pueda realizar. Es solo que la democracia no existe en lo abstracto, la democracia existe en lo concreto y socialmente democracia es el gobierno de las mayorías. Eso se traduce necesariamente como democracia directa. Aunque quizás mi buen amigo Eric ha descubierto “un nuevo estilo de hacer política” pues aunque su documento esta plagado de buenas intenciones, no deja de ser a mi parecer pura disentería mental.

4 nov 2008

Mística Socialdemócrata 2

Enrique Villarreal

En el ámbito político, como en muchos otros, poseer una mística resulta fundamental para que exista fiera combatividad, incondicional y total entrega a una causa. Esta mística presupone una fe en una idea-fuerza, que se considera una verdad indiscutible y predestinada a triunfar, ya que de no ser así, entonces, no tendría caso sacrificarse y luchar denodadamente por su implantación.
Así, por ejemplo, la “fe en la revolución bolchevique” generó una mística de sacrificio y combate decisiva para su éxito, aun cuando existían condiciones sumamente adversas para ello. La mística provoca que el individuo vaya más allá del interés personal, sea heroico, logre hazañas y grandeza.

Con respecto a la mística socialdemócrata, y especialmente para el caso mexicano, la idea-fuerza que puede impulsar el movimiento hacia la toma del poder, es el imperativo de una “reforma radical” (la revolución por las reformas), entendiendo por ella el conjunto de medidas gubernamentales, legislativas, etc., que van a la raíz de la problemática política, económica y social de nuestro país, ya sea para enfrentar sus causas (por ejemplo, la legalización de las drogas), o para redireccionar el sentido del desarrollo nacional (como una nueva política económica de desarrollo) o para profundizar en los cambios que ya se están desarrollando (por ejemplo, mayor democratización política en los estados).

Así, la reforma radical busca instaurar una democracia más avanzada (democracia socialista) a través de reformas implementadas desde el Estado por una izquierda socialdemócrata que llegue al poder a través de la vía electoral.

Dado el contexto adverso y la magnitud de la tarea, el partido socialdemócrata requiere de sus integrantes una mística que estimule la combatividad, la competitividad y la voluntad de triunfo. Para ello, se necesita al menos:

Cabal comprensión de los ideales y propuestas socialdemócratas
Entrega incondicional a los ideales partidarios; sacrificio por la causa y el partido.
Voluntad incansable de servir a las personas, a la comunidad y al interés común; solidaridad con sus correligionarios, movimientos sociales y causas populares.

Honestidad, congruencia, perseverancia, tolerancia, compañerismo.
Disciplina y organización para el trabajo individual y en equipo.
Estudio y deseo de superación permanentes.
Capacidad de proselitismo y de expresión, discusión y convencimiento
Amplio conocimiento de los rivales y del arte del combate político-electoral.
Conocimiento profundo de la realidad de México y del mundo.

Consciencia sobre sus derechos y obligaciones como ciudadano y militante partidario.
Si los socialdemócratas adquieren estos conocimientos, desarrollan esas habilidades y asumen actitudes con los valores anteriormente mencionados, entonces poseerán una mística que los impulsará a la lucha y al éxito. Asimismo, contribuirán al logro de invaluables experiencias como parte de su formación política y les ayudará a forjar cualidades de liderazgo partidario y político, tan indispensables como escasas en la actualidad. No se debe olvidar que más importante que el dinero, el principal recurso de un partido es su militancia y el capital político que logre acrecentar a través del trabajo partidario, legislativo y gubernamental. En este sentido, la mística únicamente es el punto de partida en la trayectoria hacia el liderazgo.

Por ello, la capacitación y el adiestramiento de los militantes y cuadros políticos son vitales, pero recordando que la mística tiene mucho de predica con el ejemplo (la moral en abstracto es fútil), de los mayores hacia los jóvenes, de los dirigentes hacia los militantes, y viceversa, porque el aprendizaje es mutuo, y aun cuando la mística posee en el conocimiento un trasfondo, tiene mucho de experiencia práctica, de la universidad de la vida. En última instancia, la mística es un asunto de fe, y en un sentido laico es una voluntad de entrega a un ideal que se asume como una causa fundamental que la dirección a la vida de una persona y colectividad.

En consecuencia, la mística socialdemócrata será fundamental para superar las condiciones adversas que enfrenta actualmente el trabajo partidario y político en general, pero esto será tema de la siguiente entrega.

29 oct 2008

Mística Socialdemócrata

Enrique Villarreal


Cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia, los activistas eran un grupo de veinte mil personas (aproximadamente) en un imperio de más de 100 millones. Sin duda influyeron múltiples factores en su triunfo, pero un elemento que resultó crucial, porque es lo que alimentó el espíritu y la voluntad de los bolcheviques, fue la mística revolucionaria. Pese a tener un contexto sumamente desfavorable –un sistema autocrático, policiaco y represivo, económica y socialmente atrasado, territorialmente inmenso y pobremente comunicado, etc.-, los revolucionarios profesionales, que eran una minoría de minorías, pero que lograron liderar a los soviets, tomar el poder e implantar un nuevo régimen.

Esta fe en la revolución estaba sustentada en el mito, en su connotación positiva, es decir, de narración sobre el origen, la evolución y el destino de una idea, filosofía, pueblo, nación, etc., en este caso, del ideal socialista, particularmente el creado por Marx y Engels, sustentada en la creencia (más allá de los argumentos científicos y filosóficos que dan los padres del socialismo, incluyendo Lenin) sobre la decadencia e inevitable caída del capitalismo, la inevitabilidad histórica del socialismo y el comunismo gracias a la liberación de la humanidad hecha por el proletariado. Especialmente, la Primera Guerra Mundial y la gran crisis que provocó, parecían confirmar las tesis del catastrofismo capitalista, y ello alimentó la mística socialista de los revolucionarios rusos y de quienes compartían sus ideales y métodos.

La narración (mito) socialista se sustenta en verdades consideradas indiscutibles y evidentes (la caída del capitalismo y la instauración del socialismo), y como se apoyaban en hechos que parecían confirmar sus tesis (la guerra, la crisis, las revueltas), se erigió en una mística de gran fuerza (“el poder de una idea”) entre esa minoría de activistas que encabezaron las masas que derribaron un régimen y una sociedad construida a lo largo de varios siglos, la zarista.

Naturalmente, en esta mística el líder desempeña un papel relevante, ya que los activistas y las masas comandadas lo perciben como la encarnación material de esa idea, quien puede materializar el ideal de cambio y liberación, y por tal motivo se genera una fe ciega hacia el líder, lo cual es el punto de partida de su metamorfosis caudillezca, lo cual resulta ser muchas veces contraproducente para la realización de los ideales que dice encarnar (y por ello muchas revoluciones terminan devorándose a sí mismas).

En este sentido, la socialdemocracia actual requiere un mito, una narración de grandeza, el poder de una idea, que genere una identidad propia y alimente una mística de triunfo entre sus activistas, que en México también son una minoría de minorías (el PSD, por ejemplo, tiene 26 mil afiliados en un país de más de 100 millones, y aunque todos los que se consideran socialdemócratas son mucho más que los afiliados a dicho partido, no dejan de ser una minoría política).

El mito socialdemócrata debe también ser un asunto de fe, que su credo es indiscutible y su realización inevitable, ya que su historia ha sido un ascenso progresivo de logros y realizaciones (pese a sus evidentes fracasos o retrocesos). Debe incluir un relato sobre los orígenes heroicos de la socialdemocracia internacional, y en México, como un movimiento, cuyo nacimiento fue una lucha exitosa contra el autoritarismo, el clericalismo y la discriminación.

Asimismo, este mito debe destacar su historia de grandeza, sus ideales libertarios e igualitarios, y sus realizaciones (la defensa del laicismo, la conquista de libertades políticas, la economía de bienestar, los derechos sociales, el Estado democrático, etc.). Aunque también tendrá que señalar sus fracasos y sus metas por alcanzar, puesto que justamente deberá alimentar entre los socialdemócratas una mística de lucha, transformación y triunfo, ya que siguen existiendo formas autoritarias, relaciones de injusticia, desigualdad y discriminación en México y en el mundo, que deben ser combatidos para realizar el ideal socialdemócrata. Esta mística estará sustentada en una idea-fuerza que “mueva montañas” como lo fue “la revolución” para los bolcheviques y los comunistas en general.

Sin embargo, a diferencia de la izquierda del tipo bolchevique, maoísta, polpotiana, castrista, guevarista, etc., la idea-fuerza que deberá mover a los socialdemócratas no será la revolución armada, sino “la revolución por las reformas” o “la reforma radical”. En general a la socialdemocracia (de derecha o de izquierda) se le ha estigmatizado como “reformista”, “claudicante”, “medrosa”, etc., y actualmente, por ejemplo en América Latina, cuando se comparan algunos gobiernos socialdemócratas (del tipo Bachelet en Chile) con el chavismo (Venezuela), por situar extremos, pareciera que está más viva que nunca la dicotomía reforma o revolución, y el antagonismo izquierda reformista-izquierda revolucionaria. No obstante, este dualismo, no necesariamente debe derivar en un antagonismo, por lo menos en México, ya que la realización del conjunto de reformas socialdemócratas puede implicar cambios revolucionarios, cualitativos o profundos.

Si bien hay un clima general sobre la necesidad de que México requiere urgentes reformas políticas, económicas y sociales, evidentemente no existe un consenso sobre cuáles deben implantarse, además de que diversas políticas supuestamente reformadoras (de unas décadas a la fecha) han sido parciales, de pobres resultado o de plano, han fracasado, básicamente porque no han ido al fondo de la problemática que enfrentan (como las de carácter social o las que combaten la inseguridad), toman directrices equívocas (como las económicas) o no se han realizado en su integralidad (como las de carácter político).

Justamente, una característica de las reformas socialdemócratas es su carácter “radical”, esto es, que van a las causas de los problemas para propiciar un auténtico cambio social, cultural, etc. Así, por ejemplo, la ley de interrupción legal del embarazo hasta las doce semanas que aprobó la Asamblea Legislativa del D.F, a iniciativa del PSD, no sólo es una medida que ha salvado la vida de muchas mujeres, sino que al reivindicar su derecho a decidir sobre su cuerpo, se fortalece el Estado laico, se avanza sustancialmente en el ejercicio de los derechos humanos, y se promueve una nueva cultura en las relaciones entre hombres y mujeres. Extender esta reforma al resto del país, no será tarea fácil e implicará una “revolución política y parlamentaria”, ya sea a partir de un consenso, de alianzas políticas o de un voto mayoritario socialdemócrata. De igual forma pasará con la legalización de las drogas u otras medidas que atacan el meollo de la problemática.

De este modo, es claro que la mística socialdemócrata no sólo es decididamente democrática, sino “radical” en el sentido de promover reformas políticas, económicas y sociales que impulsen cambios de fondo, que vayan a la raíz de los problemas, que transformen las estructuras (de injusticia, desigualdad, discriminación, etc.) que los provocan, por la vía legal, institucional, parlamentaria y gubernamental. Aun cuando sean reformas graduales, ocasionan cambios que a larga repercute en todo el ámbito social.). La ruta socialdemocrática de la democracia a penas empieza.
En consecuencia, el mito socialdemócrata debe erigirse sobre una fe en el imperativo de una “reforma radical” como la idea-fuerza que impulse el movimiento hacia la conquista del poder, como una verdad indiscutible y un designio histórico de una humanidad que debe avanzar por la senda socialdemócrata. Cuestión a parte es lo relativo al liderazgo que encarne dicha mística y las condiciones adversas (crisis de los partidos, de las ideologías, condiciones inequitativas, etc.) que enfrentará para su despliegue.